Brutalmente Honesta #8: La ficción de una Caracas viva o muerta

Es curioso cómo queremos hacer sentencias definitivas basándonos en visiones subjetivas de la realidad. Es un error que todos cometemos, pero que puede curarse si nos hacemos conscientes de ello y no olvidamos anunciarlo antes de abrir nuestra gran bocota para hacer juicios. Yo, de una, reconozco que lo que escribiré a partir de aquí es mi perspectiva de las cosas, voy a hablar de mi Caracas sesgada, tan sesgada como esa que dicen que está muerta o esa que dicen que está viva.
Los textos «Caracas ha muerto» y «Ni las ciudades ni los países mueren» me parecen los extremos de una crisis maníaco-depresiva. Por un lado una ciudad quedó completamente deshabitada y ya no existe, por el otro sigue viviendo en los corazones de todos los caraqueños que se paran temprano a echarle bolas. Y no, la Caracas que yo veo no es ni una cosa ni la otra, es una ciudad en una situación sumamente compleja que no cabe en la inexistencia total  ni en el entusiasmo desmedido. Pero está ahí, respirando, porque de lo contrario entonces yo estoy viviendo en una realidad virtual y todo esto es una gran mentira. No puedo sino refutar ambos textos desde mi propia perspectiva. Tal vez no sea la misma que la tuya, pero es una más.

Caracas ha muerto

(Por Alonso Moleiro)

Si algo le sobra a Caracas es flujo de sangre, y del feo. No, sus calles no están vacías, vaya para el boulevard de Sabana Grande una tarde y vea. Su entorno animal cada vez es más escazo porque a los perros de la calle ya se los están comiendo. No sé donde está ese silencio, no en las colas de gente esperando camionetica. No sé donde no ve caos ¿usted estuvo en los apagones? ¿Usted sale a la calle en hora pico?. ¿Caracas no habla? Caracas habla hasta por los codos, habla hasta cuando no quieres hablarle, es imposible que en estas circunstancias no hable.
Yo no veo a nadie plácido nisiquiera amargamente en Caracas, los veo a todos angustiados siempre. Ni los sábados parecen sábados, todos los días son un constante sobrevivir, resolver y tratar de respirar. Muchos negocios han cerrado sus puertas, sí, y al mismo tiempo estamos en plena fiebre de los foodtrucks (tener uno de esos no sale gratis), también otros espacios para el pensamiento han surgido, como La Poeteca. Infrecuente escuchar música…esta es la que más me dio en la tecla (no pun intended), el viernes pasado en plena autopista salió un camión con cornetas gigantes pintadas de rosado con changa a todo volumen, mi papá que se dedica a tocar acordeón está tocando más que nunca, ¡el sábado de esa misma semana fui a un toque en La ONG! Yo creo que usted tiene problemas de audición. Vaya un domingo al Teresa Carreño y mire a esa cantidad de gente joven bailando y divirtiéndose en todos sus espacios tratando de darle el sabor a la vida que usted no es capaz de ver, y ¡está ahí! ¡A plena vista!. Y aunque la noche ya no es mi territorio, aún se descifra, ¡mañana en la noche voy a ver a mi hermano del alma haciendo stand up! ¡En un ciclo de stand up que dura toda la semana! ¡A las 9pm! ¡En Cúsica! ¡Lléguense y me brindan una birra! Esos eventos no existirían si la gente no fuera, por algo están ahí.
¿Caracas es pasado? Es pasado para los que no están ya aquí, pero para muchos otros es un presente tan innegable que nos devora. Sí, recordamos otra(s) Caracas, pero el recuerdo de tu infancia no borra tu adultez, el tiempo existe de esa forma, las cosas mutan. Por cierto, ¿usted sabía que en Caracas hay barrios? Ahí también pasan cosas, y ahí también está ese eco, porque la emigración ya no hace distinción de clases. Pero le digo una cosa, pase un domingo en la tarde por el Parque de los Caobos, ahí no hay ningún eco, hay voces de carajitos ladillando a sus padres y montándose en toboganes y jodiendo el parque (no pun intended pt.2). La ausencia no puede definir nuestra presencia, si duele, si afecta, pero no podemos moldearnos a ese dolor. La postal está en movimiento, es un gif.
Caracas no ha muerto. De noche sus habitantes madrugan sacando cuentas para poder sobrevivir en ella. No podrían estar más vivos y atentos a la realidad.

Ni las ciudades ni los países mueren.

(por Batita González)

Yo también nací en Caracas, casualmente, en 1989. No crecí ahí pero estoy tan lejos de ella como alguien que vive en El Hatillo. Fue tan protagonista de mi desarrollo como si hubiese pasado ahí mismo.
Yo no sé tú, pero yo si me tomé bastantes tragos y me vomité en la acera también. Literal y metafóricamente.  Viví y una temprana juventud muy natural rodeada de muchos amigos y muchas vivencias.
No viví el Gran Café ni las descargas Belmont (¿regalaban cigarros en esos eventos? Qué sueño…mentira, estoy dejando de fumar). Pero vi a Deftones en el Poliedro, quizás uno de los mejores conciertos de mi vida, y fui a todos los toques de toda banda habida y por haber en todo local que ya no existe. También toqué varias veces en algunos de esos locales a cambio de una botella de ron. Esa Caracas ya no existe, pero como dije anteriormente, no existe tal como ya no existe mi infancia o cualquier recuerdo pasado. La veo con nostalgia sana, no tenía por qué durar para siempre esa versión exacta de ella. Extraño a mis amigos con toda mi alma pero de alguna forma sigo en pie sin ellos. No sé como vivimos la misma época y no tenemos una misma Caracas que recordar, cosas de las subjetividades.
De acuerdo en que los países y las ciudades no mueren, tú debes sentir eso mismo que yo, por tu texto entiendo que ves las cosas que están pasando. Sentenciar a una ciudad y toda la vida que hay en ella a la muerte es muy cruel. Y quienes insisten en matarla también forman parte de su gran actividad y de su energía, estén o no estén aquí. Lo que creo es que decir que Caracas está muerta absuelve a los emigrantes de la culpa que podrían sentir por irse (y no los juzgo por irse, todo lo contrario, fueron sabios) o los hace pensar que lo que dejaron atrás desapareció, es una consolación que nos manda a todos los que estamos aquí al olvido. Y en Caracas hay vida pero es una vida angustiada, por momentos (algunos muy largos) infeliz, tal vez no de igual manera para quien tiene la plata de montar un emprendimiento y echarle bolas a su negocio, pero sí para esa señora de los Valles del Tuy que posiblemente tenga que llegar a un trabajo donde le pagan sueldo mínimo. Esa señora está viva pero no es feliz, esa señora, como muchos otros, tiene que hacer malabares económicos dignos del Cirque du Soleil para mantenerse cada día y eso es vivir pero no es vida. Borrar esa angustia latente también es invisibilizar. Decir que aquí estamos super dignos echándole bolas día a día (que no es falso, pero tampoco preciso) es anular la grandísima carga de desmoralización que hemos vivido de unos años para acá. Donde nos vemos al espejo más flacos cada día y mentamos la madre y nos da arrechera tener que vivir esto. Eso también es parte de esa vida. Y yo sé que no eres inconsciente de eso pero ese optimismo lo comparten los que tienen el lujo de hacerlo. No la señora en el tren de Los Valles del Tuy. Estoy de acuerdo en pintar a Caracas y vivirla a pesar de todo, hoy pasé toda la tarde perdiendo el tiempo en twitter diciéndole a la gente que muchos de los que estamos aquí necesitamos algo, lo que sea, de lo que aferrarnos para no perder la cordura. Sí, tenemos que hacer cosas, vernos, discutir estos temas, vivir la ciudad, pero sin olvidar que estamos en unas condiciones de mierda que frenan muchas cosas y de las que muchos se aprovechan. No es tan simple como ponerme mi vestido más lindo y sonreírle a un día nuevo en un país en crisis. Por eso digo que es una situación compleja y es una situación que si aprovecháramos para pensarla, enfrentarla, reflexionarla y actuar en base a ella podríamos evolucionar mucho como población. Pero si nos vamos a los extremos del nihilismo total o la esperanza edulcorada no vamos a salir de estos ciclos.
Este es un momento que se está dando para hacernos despertar y replantearnos como ciudadanos.

1 comentario en «Brutalmente Honesta #8: La ficción de una Caracas viva o muerta»

  1. paolo orlando dice:

    las vivencias de tu propia vida es lo mejor que puedes dar a tus semejantes para que se refléjen en ellas y comparen sus perspectivas a lo que será su segunda parte de la propia existencia.

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