Brutalmente Honesta #7: 72 horas de oscuridad

Cuando estaba preparándome para salir a comprar unas cosas el jueves en la tarde y se fue la luz pensé que era una falla de esas a las que ya en la zona estamos acostumbrados a sufrir a diario, que después de un rato vuelve a llegar, cosa que ya de por sí no es normal y es grave ya que nos pone en riesgo nuestros aparatos eléctricos/electrónicos todos los días, pero no le di mayor importancia. Salimos y nos dimos cuenta que sea donde sea que íbamos tampoco había luz, ahí ya nos dimos cuenta que la situación era más grave de lo que pensábamos. Luego vi a mi mamá y me dijo que en Caracas tampoco había luz, se agudizó la preocupación. Llegamos a la casa, nos tratamos de comunicar con la familia en Caracas y no pudimos, teníamos algo de carga en uno de los aparatos y con la red de datos pudimos ver que el apagón fue a nivel nacional, lo que menos esperábamos era estar 3 días sin luz, que fue lo que terminó pasando. 

El viernes fue el cumpleaños de mi esposo y a pesar de no poder comunicarnos con la familia para cuadrar, terminamos yendo igual, sin avisar, a su casa, y a pesar de la situación, pudimos compartir. Cuando veníamos de regreso en la carretera, en completa oscuridad, escuchando radio, se hablaba de qué sitios estaban disponibles para comprar comida con punto de venta, donde había y luz y donde no aún, entre otros comentarios acerca de la situación y la canción de Juanes que dice «se fue la luuuuuz en todo el barrio”. En ese momento me empecé a sentir como en una película post-apocalíptica, donde los que quedaron en la tierra tienen que resolverse la vida como pueden y con los pocos recursos que quedan. De cierta forma, esto no es del todo ficción, si consideramos a Venezuela como la tierra y a la gente aquí como los que quedaron. La noche fue intensa, después de hablar mucho y leer un poco a luz de vela, decidí apagarla y que para dormir, me encontré en la absoluta oscuridad afrontando todas mis angustias mientras todo, todo a mi alrededor, era el negro más puro y parecido a la ceguera. 

  Al día siguiente salimos a buscar sitios para cargar nuestros aparatos, conseguimos un Farmatodo que gracias a la planta eléctrica tenía energía y allí se formaron grupos grandes de personas que con regletas iban cargando sus celulares y otras cosas. Cargamos celulares ahí un rato, en ese rato fui a otros lugares buscando otras cosas y me pareció curioso (en realidad no tanto) que las licorerías estaban full de gente, la mayoría cobraba en dólares o en efectivo (y todos sabemos que aquí el efectivo sigue siendo escaso), mi primera reacción fue juzgar a esas personas bebiendo pero después pensé que en una situación así cada quien busca como drenar, y si tienen dólares suficientes para gastarlos en alcohol en medio de una crisis lo más seguro es que tenían lo demás cubierto (o eso espero). 

  El día después salimos a tratar de comprar algo de comida que no se dañara para los próximos días y agua para tomar (cabe destacar que ya antes del apagón no teníamos agua corriente en la casa desde hace días, al momento que escribo esto, sólo llegó ayer en la noche, sin la suficiente fuerza para salir por la ducha y ya en este instante no tenemos otra vez), estuvimos 3 o 4 horas por la calle buscando sitios donde pasara la tarjeta pero en algunos no pasaba la de nuestro banco y en otros se hacían filas para entrar a comprar todo carísimo o sin saber lo que había adentro realmente. Una impresión que me llevo de ese día es el fuerte olor a carne podrida en muchos sitios a los que entrábamos, lo que sólo me terminaba de afirmar mi sensación de post-apocalipsis. Otra postal curiosa fueron unos santeros vendiendo velas en medio de la calle, si alguien se iba a poner a vender velas, eran los santeros. Llegamos a la casa con algunas cosas de comer pero sin agua. Pasamos la tarde leyendo y hablando. Alrededor de las 5 de la tarde ese día llegó la luz, junto a una algarabía y emoción absurda por algo que uno debería tener todos los días, pero así estamos en Venezuela, emocionados siempre por lo más básico, y es algo que se vuelve casi instintivo. En la madrugada se fue pero rato después volvió. De ese día hasta hoy ha fallado algunas veces pero no termina de irse por completo. 

  Leo lo que escribí y no se oye tan grave porque estoy ignorando la angustia, rabia, nervios y frustración que nos dominó esos 3 días. La incomunicación fue lo más angustioso y la desinformación lo más indignante. Apenas se fue la luz lo primero que pensé que el gobierno iba a decir fue, efectivamente, lo que dijo: sabotaje (de USA, electromagnético, cibernético, etc etc). Lo cual resulta curioso en un país donde, como mencioné al principio, se va la luz por lo menos una vez al día o más y por tiempos prolongados, en muchas zonas. Por otra parte con la situación de amenaza de intervención (así se haya descartado o no, una nunca sabe), que pasara esto a nivel nacional parecía indicativo de algo, pero vuelvo y repito, en un país donde el fuerte no son los servicios públicos (el fuerte de este país no es otro más que la miseria), que pase algo así a mí me dejó pensando que en realidad pudo haber sido cualquier cosa y que les cayó como anillo al dedo la excusa del sabotaje. Es bueno destacar que trabajadores de Corpoelec que han salido a decir que no fue ningún sabotaje han sido, extrañamente, detenidos e incluso uno apareció muerto. Y que el gobierno está buscando chivos expiatorios de manera completamente arbitraria, como el periodista Luis Carlos Diaz, que fue detenido (ya en liberación cautelar) por hablar en la radio de como se comportó la gente en la primavera árabe y decirle a la gente que en un apagón tenían que salir a la calle a documentar. Todo esto hace que su discurso sea muy flojo, raro, y dudoso. Y lo demás es de lógica, ¿cómo carajo un gobierno que tiene la pata montada de USA encima no va a poder solucionar algo tan básico y fundamental como un apagón en un lapso de tiempo razonable?, sea por el motivo que sea el apagón, un gobierno en las circunstancias en el que éste está, tiene que responder de inmediato a este tipo de situaciones, que en varias partes del país hayan pasado 100 horas sin luz es completamente inaceptable e inexcusable, incluso al día de hoy nisiquiera el metro está funcionando en su totalidad en Caracas. 

  Y esto es sólo mi experiencia personal, súmenle a eso la situación que se dio en los hospitales donde falleció gente, los saqueos en el estado Zulia, la falta de agua generalizada (que ahora el gobierno quiere solucionar VENDIENDOLE tanques de agua a la gente), y quien sabe que más cosas de las que yo no me he enterado voluntariamente para no terminar en una crisis psicótica. 

  Lamentablemente, tendremos muchas historias que contarle a nuestros nietos. 

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