Brutalmente Honesta #6: Venezuela desde Venezuela

En estos días los ánimos están muy caldeados, creo que de eso absolutamente nadie se salva, desde adentro, desde afuera, todos tienen una opinión sobre lo que está pasando aquí y lo que puede pasar. Por primera vez en mi vida puedo ser testigo directo y en tiempo real, gracias a las redes sociales, de cómo los ojos del mundo voltean a ver el lugar donde vivo y han sido unos días sumamente desgastantes energéticamente, porque se siente en el ambiente demasiada pasión y entrega hacia ideales mezclados con odio, resentimiento, pero al mismo tiempo, también mucha esperanza por una parte y preocupación por la otra.

Yo no soy politóloga ni socióloga ni nada que termine en “ologa” así que este texto no es para dar sentencias, hacer predicciones o mostrar un panorama objetivo del asunto, todo lo contrario, lo escribo completamente consciente de la subjetividad de mi experiencia, que es de lo único que puedo dar fe. Por eso mismo me parece pertinente darles un esbozo de “el lugar de enunciación” desde el que escribo esto: soy mujer, tengo 29 años, estoy casada y vivo fuera de casa de mis padres, en comparación con la situación de muchísimas personas en la actualidad soy relativamente privilegiada y soy en lo que Venezuela llamamos una “nini” (criaturas ya un poco raras de ver, o que por lo menos yo no veo tanto en la opinión pública) que quiere decir que no estoy ni con el gobierno ni con la oposición. No estoy con el gobierno porque me parece que son unos inútiles, autoritarios y pongo en ellos la culpa de haber llevado a este país a la ruina, de paso que el cinismo que manejan me parece un insulto a la moral. Por otro lado no estoy con la oposición porque desde que entendí otras realidades fuera de mi burbuja de clase media empecé a sentir una falta de credibilidad en los discursos que manejan sus personajes y también sentía una gran frustración al ver que sus estrategias en materia de manifestaciones generaban más pérdidas que logros. Esta es una posición muy particular que me causa bastante conflicto, porque hay veces que es necesario estar en un bando, de paso que no estar en un bando siempre es un motivo de incomodidad no sólo para mí sino para los demás: soy muy chavista para los opositores y muy opositora para los chavistas. Me pueden tildar de tibia, también, pero no es que sea tibia, es que no estoy de acuerdo con nada. Una vez me culparon de pasar un mal momento en mi situación de vida por no haber salido a marchar o no apoyar las manifestaciones, eso me dejó pensando ¿soy culpable de vivir este mal momento por cuestionar las maneras en que estaban sucediendo las cosas y manifestar mi frustración porque había gente muriendo en vano a manos de un gobierno que no le importaba en lo más mínimo las vidas ni de esas personas ni de absolutamente más nadie en el país sino las de ellos mismos?, imaginemos por un momento que salimos de este gobierno y Venezuela es el mejor país del mundo: esa gente va a seguir estando muerta y para mí no son héroes, ni mártires, para mí son personas que existían en este mundo y tenían una vida y su vida se terminó por mostrar su descontento, ni el gobierno más espectacular del mundo les va a regresar esos hijos a sus madres. Así que ¿era mi deber ir a arriesgar mi vida en nombre de un sector político con el que no me identifico y con quienes no estoy de acuerdo en su actuar? ¿eso me hace merecer mi propia y relativa desgracia? ¿no es responsabilidad del gobierno de mi país asegurarme, mínimo, mínimo, unas condiciones de vida normales?.

  Si algo es cierto es que estamos viviendo una crisis inimaginable, y eso es algo que ni el chavista más chavista que Chávez puede negar (al menos, claro, que esté en una posición de poder, porque ellos ni se enteran o no les afecta/importa). De un momento para acá las cosas llegaron a un punto crítico que se fue convirtiendo poco a poco en algo normal. En la Venezuela de hoy es normal ir a un supermercado y no encontrar, por ejemplo, arroz, aceite ni azúcar, sólo por nombrar a tres grandes ausentes, que aveces están, aveces no, no están en todas partes ni todo el tiempo, son como pokemones que hay que ir rastreando y atrapando cuando los consigues, y esos son sólo tres, la lista es más larga. En la Venezuela de hoy es normal pasar 5 días o más sin agua en la casa. En la Venezuela de hoy es normal ir a una farmacia y no conseguir el medicamento que estás buscando y cuando lo encuentras cuesta el órgano del cuerpo que querías tratar con el medicamento. En la Venezuela de hoy es normal que se vaya la luz a cada rato y en algunas zonas por tiempos muy prolongados. En la Venezuela de hoy es normal que el internet sea de la más pésima calidad y que bloqueen páginas de noticias e incluso las mismas redes sociales por el tiempo que les da la gana de manera completamente arbitraria. En la Venezuela de hoy es normal que una cosa tenga un precio y en cuestión de horas tenga otro más alto. En la Venezuela de hoy es normal que las 7 pm parezcan las 3am porque no hay nadie por la calle ni nada abierto. En la Venezuela de hoy es normal ver a gente comiendo de la basura, y no normal como un indigente aislado, normal como que en cada esquina donde botan basura hay gente ahí comiendo. Y todas estas cosas las cuento desde mi experiencia, cosas que he vivido y he visto, la experiencia de una persona que vive en unas condiciones mejores que muchos otros, imagínense pensar en la Venezuela de hoy para esa persona que come de la basura.

  Por otro lado hay otra Venezuela, que no veo mucho en la opinión pública, una Venezuela completamente dolarizada, con gente que a pesar de las circunstancias se sigue dando lujos, y no hablo de cosas como comprarse un celular, que igual para la mayoría es un lujo, sino lujos de los de verdad-verdad. Gente que no tiene problema, por ejemplo, en dar una propina de 100 dólares. No me pregunten de donde saca el dinero esa gente ni quienes son, porque no lo sé, pero sé de primera mano que existen. Eso pone las cosas en perspectiva, hay dos Venezuelas pasando en paralelo que parecen antagonistas. También demuestra que no es que no hay dinero, en Venezuela hay MUCHO dinero, lo que pasa es que está distribuído de unas maneras muy curiosas, por ejemplo, un plato de comida te puede costar en un restaurant (y no en el más caro y exquisito, ojo) la quincena del empleado que te lo preparó. Y hablando de quincenas…el sueldo mínimo en Venezuela te alcanza para comprar un kilo de queso (y no queso parmesano importado de Italia, queso normal para rellenar la arepa) y eso hasta el día de hoy, mañana, quién sabe. Saque usted sus conclusiones.

Eso es nada más para posicionarlos en el mapa desde lo que es mi experiencia. Ahora, llega el 23 de enero, se produce esta proclamación de Juan Guaidó (que si se auto-proclamó o si lo proclamó la Asamblea o el Espíritu Santo es un tema que no voy a tocar), un personaje que para mí era completamente desconocido antes de ser presidente de la Asamblea, en medio de una manifestación multitudinaria, yo no sabía que quedaba tanta gente en Venezuela. En menos de lo que canta un gallo salió Estados Unidos y media Latinoamérica diciendo que reconocían a Guaidó como presidente de Venezuela. Día de muchísima tensión y también grandísima ingenuidad de mi parte, porque yo pensaba que cuando Maduro salió en Miraflores a hablar iba a decir “al carajo chicos…yo me voy…”, pero claro, nada es tan sencillo y tan perfecto. Si les digo la verdad, fue un día insoportable, entre opositores tatuándose la cara de Trump en el culo y sabelotodos de izquierda extranjeros que de un día para otro estaban súper claros de toda la situación en Venezuela (un abrazo especial al argentino que “documentó” como en Venezuela no hay ninguna crisis porque vio gente comiendo en un centro comercial) esas redes estaban explotando, yo exploté también y me imagino que mi opinión a más de uno también le pareció insoportable, así que estamos parejos. Sin embargo ese día se sentía en la opinión de muchos opositores que sigo, mucho optimismo, esperanza y daba la sensación de que ya todo estaba arreglado, por un momento hasta yo me lo creí. Han pasado 7 días y más gente ha muerto por represión, parece la misma historia otra vez, y aunque no es la misma, esa gente, también, está muerta. Y no es la misma porque ahora el descontento empezó del lado contrario, de los barrios que no terminaban de bajar, y los focos de más descontento se han centrado ahí, con todo lo que eso implica, me cuentan que el fin de semana en Petare (barrio de Caracas), sonaban disparos toda la noche, incluso hay videos de enfrentamientos de gente armada del barrio contra organismos de represión, y ahí hay otro detalle que no hay que dejar de ver, cuando las manifestaciones eran en el este de Caracas, mandaban a la Guardia Nacional pero ahora que son en el oeste mandan a la FAES (Fuerzas Especiales de la Policía Nacional Bolivariana) que es básicamente un grupo de exterminio, si a alguien le quedaba duda de la “estima” que tiene el gobierno hacia el “pueblo”, bueno…ahí ya los están exterminando como si no fueran ni gente. Mientras más personas mueren entre Guaidó y el gobierno están jugando a la papa caliente con la cuestión del supuesto diálogo, uno dice que va a dialogar, otro dice que va a dialogar más que el otro, el otro dice “¡no! ¡yo soy el más dialogador!” y a todas estas no dialoga nadie, incluso poniendo en la mesa la carta de la Amnistía para Maduro y su gente. Por fuera, muchos rumores, fotos de un bloc de notas de un gringo con una anotación de mandar 5 mil tropas a Colombia, rumores, rumores y más rumores, expectativas, ¡ah! por favor no olvidemos el grandioso #GuaidoChallenge que realmente nos hizo evolucionar como sociedad, entre rojillos y opositores siguen cayéndose a piñas desde la última vez que revisé twitter, y no termina de pasar nada, la oposición debe estar preparando un grandísimo kamekamejá porque no me explico por qué tanta incertidumbre. Algo curioso que no puedo dejar de comentar es que parece ser que hay gente que se ha dado cuenta que la derecha representa la ranciedad actualmente en el mundo gracias al querido Trío Los Panchos (Trump, Bolsonaro y Macri) y quieren a toda costa sacar a Guaidó y su partido (Voluntad Popular) de ese paquete entonces sacan a relucir que su partido está inscrito en la Internacional Socialista, que me cuentan es casa también de Acción Democrática (Carlos Andrés, ese enemigo férreo del imperio) y otros partidos de una izquierda más bien disimulada, con respecto a eso sólo les digo una cosa: yo puedo estar inscrita en el gimnasio y eso no quiere decir que voy a hacer ejercicio. Pero entonces por otro lado están esos que culpan al socialismo de todos los males del mundo basándose en un gobierno que no actúa según lo que dicen ser (ahí los tienen rematando al arco minero) y tienen una visión bastante distorsionada en lo que a ideología se refiere. Y con esto no quiero decir que el socialismo es lo mejor y viva Bernie Sanders (aunque la suya es una de las opiniones más cuerdas que he visto en este tema), estoy de acuerdo con Homero Simpson cuando dijo que EN TEORÍA el comunismo funciona, la historia ha dado prueba de que estas ideologías terminan en autoritarismos horribles. A lo que quiero llegar es que Venezuela en este momento representa una izquierda que en realidad no existe en ningún lado, nadie aquí se rige por ninguna izquierda, esto es un burdo quítate tú pa ponerme yo y un yo no me quiero quitar porque mi pellejo está en juego. Otra cosa que creo que se trata muy ingenuamente y con un entusiasmo bastante estúpido (en las redes, todo lo que hablo es lo que veo en las redes porque ya ni tengo amigos cerca con quien hablar y cuando salgo no hablo con nadie ni veo que pasa nada), es toda la cuestión de una supuesta intervención estadounidense ¿ustedes pueden creer que hay gente que les pide, les suplica, que vengan ya mismo a resolver esto y que incluso bromean con la posibilidad de que los marines se violen a todas las mujeres que encuentren? yo no entiendo en que mundo vive esa gente que piensa que cuando el ejército gringo entra un país es para sembrar flores y acariciar perritos. Obviamente la amenaza de una intervención (que por ahí se muestra disimuladamente) es algo a lo que hay que tenerle muchísimo miedo, y si ya se está muriendo gente se va a morir aún muchísima más gente y ninguna, ninguna muerte vale la pena. No deberíamos ansiar que pase eso aquí, según mi visión muy básica, simple e ignorante de todo lo que tiene que pasar es que terminen de hacer el bendito diálogo del que tanto hablan, se convoquen elecciones con las condiciones óptimas para asegurar los resultados y salgamos de este peo de una vez por todas. Yo lo veo muy sencillo, no entiendo, no me da la cabeza, por qué no es tan sencillo.

  Sé que hay muchas cosas importantes de las que no estoy hablando, como todo el tema de las últimas elecciones presidenciales, entre otras cosas, pero como dije más arriba, esto no es un texto informativo ni objetivo sino simplemente todo lo que le pasa por la cabeza a una habitante venezolana el día 30 de Enero del 2019.

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